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Foto de 120 Aniversario BNCJM- Un libro “real” en los fondos de la BNCJM.

120 Aniversario BNCJM- Un libro “real” en los fondos de la BNCJM.

9/4/2021
Por: Olga Vega García, Biblioteca Nacional José Martí

La Biblioteca Nacional de Cuba José Martí se precia de contar con tres ejemplares de una obra famosa, aunque el seleccionado en este caso es el más precioso por su procedencia real, su estado de conservación y por haber sido elegido, entre las propuestas enviadas por la institución cubana, para la exposición por el V Centenario organizada en 1992 por la Asociación de Bibliotecas Nacionales Iberoamericanas, ABINIA.

Idea de una nueva historia general de la America Septentrional: fundada sobre material copioso de figuras, symbolos, caractères y geroglificos, cantares, y manuscritos de autores indios, ultimamente descubiertos. -... / Lorenzo Boturini Benaduci... -- En Madrid: en la Imprenta de Juan de Zuñiga, 1746. -- [40], 167, [9], 96 p., [2] h. de grab.: il. ; 20,5 cm. 

Su autor Lorenzo Boturini Benaduci, Señor de la Torre y de Hono, caballero del Sacro Imperio Romano, nació en Sondrio, obispado de Como (Italia) en 1702 y falleció en  Madrid en 1751. Deseoso de conocer el mundo, parte para Viena y luego para la capital española en 1735. En 1736 se traslada al Virreinato de Nueva España, donde reuniría durante sus ocho años de estancia una asombrosa  colección de documentos, la mayoría originales y muy antiguos. 

Tras una ardua labor investigativa, como un verdadero bibliófilo, recopiló un considerable volumen de información relativa a los pueblos indígenas que habitaban la Nueva España y la reunió en su obra fundamental, la Idea de una nueva historia general de la América Septentrional, que dada la envergadura de los documentos manuscritos, contenía información nunca antes publicada, y que se somete ahora a consideración de los lectores de este número de Librínsula.  

Basándose en las numerosas fuentes de su museo particular, en los testimonios que recogía en los diversos poblados por donde pasaba y en las copias que obtuvo de otros que no pudo adquirir, y siendo además conocedor de la lengua náhuatl, logró escribir la historia de las comunidades aborígenes, analizando la simbología de los planetas, los calendarios, los cantares históricos y poéticos y el mito precolombino de las tres edades de la creación del mundo. 

Por todo esto se convirtió en un especialista de reconocido prestigio, tal y como se manifiesta en publicaciones disponibles hoy en soporte bibliográfico o electrónico, y en el propio libro aquí descrito, donde el Dr. Joseph Borrull, catedrático de la Universidad de Salamanca, fiscal y oidor de Granada y del Supremo Consejo de Indias expresó: “…acudió, no para descubrir minas materiales, y que tanto aprecia la codicia humana, sino a desenterrar las ya sepultadas en el olvido, para secundar su entendimiento, e ilustrar la Nación y la Europa toda .”

Fruto de su pasión por el culto de la Virgen de Guadalupe, a la que agradecía su salvamento luego del naufragio acaecido a su llegada a tierras mexicanas, quiso coronarla en una ceremonia solemne, por lo que llevó a cabo gestiones en el Cabildo Vaticano que fueron luego rechazadas por el arzobispo de México, a lo que siguió que Boturini iniciara una colecta por su cuenta. 

La llegada de un nuevo virrey, Pedro Cebrián y Agustín, conde de Fuenclara, trajo como consecuencia que se le sometiera a una investigación de la que se extrajeron dos puntos fundamentales: la entrada de manera ilegal de un extranjero a tierra americana y la realización de trámites en la Santa Sede sin permiso de la Corona. Por ello se ordenó su arresto y envío a España. 

Como resultado de este proceso, los tesoros contenidos en su colección fueron confiscados en 1743 y parcialmente hurtados y dispersados con posterioridad, a causa de la negligencia de sus curadores. A pesar de que se conoce el destino final de una parte de ellos en instituciones de México, Francia, Alemania y Estados Unidos, el resto se perdió irremediablemente, pues aunque Boturini fue más tarde exonerado y honrado como Cronista Real de las Indias, nunca logró recuperar el riquísimo acervo adquirido a sus expensas y tan amado por él. 

Un detalle curioso al respecto es que un investigador de la talla de Alejandro de Humboldt (1769-1859) logró recuperar 16 de esos documentos durante su visita a México entre 1802 y 1803, y publicarlos en su Vues des cordillères et monuments des peuples indigènes d`Amérique. En la bibliografía al final del artículo aparece una cita que profundiza en ese interesante aspecto que vincula a ambos estudiosos.

Según el librero español Antonio Palau y Dulcet, autor del Manual de imprescindible consulta en estos casos, se trata de una edición príncipe de una “obra estimada e indispensable a todo americanista”. Posteriormente se hicieron otras ediciones en el siglo XIX y varios facsímiles que han contribuido a la mayor disponibilidad de reproducciones del original, lo que no merma en absoluto el valor de la pieza original.

Sobre el impresor Juan de Zúñiga ha aparecido muy poca información. Según el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español (en línea), nació en 1727 y murió en 1756. Al parecer una de las viñetas incluidas en el libro puede ser su marca tipográfica.

Las hojas de grabado calcográfico están firmadas por Mathias de Yrala, delineador y grabador en Matriti [sic] 1746, y constan del retrato del autor (que se plasma al inicio de este artículo) y su precioso frontispicio. Este último presenta el retrato del rey rodeado de motivos alegóricos, entre los cuales aparece un globo terráqueo con una América muy distorsionada. 

Fray Matías de Irala (1680-1753) fue un pintor, ilustrador y grabador madrileño que ingresó joven en la vida conventual, y se dedicó al quehacer artístico hasta su fallecimiento en el Convento de Nuestra Señora de la Victoria de Madrid, de los Mínimos de San Francisco de Paula. Una de las orlas ostenta un curioso monograma que pudiera tratarse de la marca de Irala, puesto que es posible leer MAR con  una I enlazada a una R.

Las letras capitales que acompañan las viñetas y las orlas fueron realizadas mediante la xilografía. Era práctica común mezclar tipos de grabados en un mismo volumen; en este caso se emplea para los detalles menores el grabado en madera y para las láminas a toda página la calcografía (o sea, una variedad de grabado en metal).

El libro comienza con una protesta preliminar en la que el autor expresa que le ha sido forzoso “meditar en los Arcanos, y Planos Científicos de los Indios, y usar, especialmente en la primera, y segundad Edad, de los mismos conceptos para explicarla: no obstante tan lexos estoy de apartarme lo más mínimo de la pureza de la Religión Católica, en que nací, que antes me hallo prometo a morir por ella, y todo lo que digo aquí lo someto con la más humilde obediencia a la censura, y corrección de nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana”. 

Ello no le evita tener que someter el texto a una serie de aprobaciones y licencias que forman parte de las páginas preliminares, en la que los censores y otros funcionarios lo comentan, con elogios,  y concluyen en la mayoría de los casos con la fórmula habitual: “Y no conteniendo la obra cosa contraria contra nuestra Fe y buenas costumbres…” se le otorga licencia para ser impresa, requisito imprescindible en aquella época para poder sacar a la luz cualquier tipo de libro. 

Incluye tasa, esto es, el precio que debía tener este a los efectos de su venta, que define un costo de ocho maravedíes para cada pliego, lo que importa un total de doscientos sesenta y cuatro maravedíes. Obsérvese como este aspecto se imprimía como parte de la obra y no se definía arbitrariamente por libreros o intermediarios posteriores.

El texto presenta notas marginales y mantiene el reclamo a pesar de estar paginado, o sea, las palabras colocadas al final de una página que permitían enlazarla con la que venía a continuación –práctica proveniente del período manuscrito y de los incunables en que por regla general no existía la paginación y en muchos casos ni siquiera la foliación.

Su Catálogo del Museo Histórico Indiano se inicia a partir de la p. 167. Resulta muy interesante el hecho de que tuvo que redactarlo de memoria, según él mismo manifiesta, pues al escribir el libro dicho museo permanecía confiscado en la Nueva España y le era imposible tener acceso a él, pero su anhelo, según sus propias palabras,  era que ese tesoro literario pudiera “servir para ordenar, y escribir la Historia General de aquel Nuevo Mundo, fundada en monumentos indisputables de los mismos Indios”. 

Presenta dos índices: el primero corresponde a los contenidos de la Idea… (lo que vendría siendo el cuerpo de la obra) y el segundo a los del Catálogo, donde se especifican los tipos de documentos contenidos en este último, tales como mapas, manuscritos de autores “indios” o españoles, o sueltos. Como resulta ya más común en el siglo XVIII, no falta la fe de erratas, que tiene como objetivo velar por la fidelidad del texto impreso, dándole así mayor seriedad.                                 

Dicho ejemplar ostenta una valiosa encuadernación en piel, de época, con superexlibris con el escudo real  español, y se guarda en cajuela de piel azul  en cuyo lomo consta que perteneció a Felipe V (1683 - 1746), rey de España, desde el 15 de noviembre de 1700 hasta su muerte. Fue propiedad luego del historiador, pedagogo y diplomático chileno Diego Barros Arana (1830-1907) y finalmente perteneció a la Biblioteca Chizigonana de José M. Rodríguez (MCMXXXVIII), según los dos exlibris que lleva adheridos a su guarda.

De qué manera el ejemplar de Felipe V pasó a manos del chileno Diego Barros o del coleccionista José M. Rodríguez, cuya biblioteca se conoce que data de las primeras décadas del siglo XX (pues su exlibris lleva inscrita la fecha de 1938), quedará por ahora pendiente de una posterior investigación. En nota impresa adherida a la guarda, aparece una inscripción manuscrita “Parket Bernet Galleries”, lo que hace evidente que fue recortada de un catálogo de dicho centro de subasta.   

Esas son las incógnitas que encierran los libros antiguos, preciosos tesoros de valor universal que damos a conocer una vez más en época de pandemia.





  • Foto de Un libro “real” en los fondos de la BNCJM. Un libro “real” en los fondos de la BNCJM.
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