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Correo desde la Isla de la Dignidad. Melba y Haydée por Hart

30/7/2020
Por: Eloisa Carreras Varona y Armando Hart Dávalos, Biblioteca Nacional José Martí

Para Armando la fecha del 28 de julio, estaba cargada de significados conmovedores; ese día nació Melba Hernández, su entrañable compañera y amiga y, asimismo, el 28 de julio de 1980, Yeyé partió trágicamente… 

En homenaje a la memoria de las destacadas combatientes revolucionarias, heroínas de la República de Cuba, comparto estos recuerdos de Armando sobre estas dignas e inolvidables cubanas. 

Por siempre vivirán Melba y Haydée!!!

GRACIAS ARMANDO

Melba  

por Armando Hart Dávalos

El proceso revolucionario cubano, tanto en su etapa de lucha insurreccional como de construcción socialista, ha tenido a la mujer como participante insustituible de primera fila, vanguardia en el combate y, sobre todo, vanguardia en el silencioso heroísmo cotidiano que significan la atención a los hijos, el hogar y la familia, sin descuidar las cada vez mayores responsabilidades adquiridas y ganadas en todos los frentes de trabajo, donde su presencia y actitud no son solo destacadas sino también decisivas.

Entre las legítimas herederas de Mariana Grajales —la Madre de la Patria— Melba fue ejemplo y así lo demostró desde sus días juveniles, cuando logró formarse como abogada, a pesar de su humilde origen. Surgida en una casa de padres ejemplares y patrióticos que la educaron en las ideas de la justicia y la dignidad que ella supo defender, primero desde su profesión y después al riesgo de su propia vida en todas las tareas que la Revolución le asignó en las diferentes etapas.

En esa trayectoria y en la incesante búsqueda de un camino que se correspondiera con aquel pensamiento rebelde que le acompañaba, conoció a Fidel por mediación de quienes eran ya sus hermanos del alma: Abel y Haydée Santamaría.

En entrevista que concedió al diario Granma, Melba describió —posiblemente por única vez— ese momento excepcional y decisivo de su vida: “Fidel nos habló de la situación de la Patria, que había que organizarse para derrocar a Batista, pero en esa larga conversación nos dijo también que la Revolución no solo era eso, que la Revolución conllevaba hacer mucha cosas más, que nosotros teníamos que luchar por una transformación del país, y nos lo dijo desde el primer momento.  Fidel habla y apasiona… Hablaba ayer como habla hoy.  Siempre he dicho que aquel Fidel que yo conocí en el año 52 es el mismo de hoy, como es natural, es un Fidel en desarrollo, la vida está en movimiento, pero no hay ninguna diferencia.”

En la rica historia de la Revolución Cubana habrá que reservar siempre un capítulo a la activa participación de la mujer en los diversos aspectos de la dura lucha emancipadora, derribando discriminaciones, prejuicios y obstáculos, que tuvieron un momento culminante con la creación por Fidel del pelotón femenino “Mariana Grajales” del Ejército Rebelde.

En ese recuento y más allá, entre las heroínas y precursoras de esa lucha, Melba ocupará un sitial de honor, porque en todos los momentos de su vida revolucionaria asumió el lugar del sacrificio y el riesgo, del ejemplo y la firmeza, de la lealtad a Fidel y a Raúl y el seguimiento de sus enseñanzas. 

Haydée Yeye

por Armando Hart Dávalos

Poco tiempo después de la amnistía en 1955, iniciamos una relación personal y revolucionaria donde nunca hubo la menor grieta política. Pero ya en la segunda mitad de ese año, se fueron estrechando nuestras relaciones personales y alcanzaron una profundidad tal que me resulta muy difícil describir la exquisita y maravillosa mujer que conocí. Ella penetra en mis recuerdos personales de la época y, desde luego, de las subsiguientes. Pero se requeriría de un gran talento para revelar con palabras la imagen que de ella llevo grabada. 

Para mí todo estaba enlazado o formaba parte integral de la gran tarea revolucionaria e histórica que teníamos por delante. Sentía que en mi vida personal no había nada ajeno a ella. Lo personal y lo histórico de su recuerdo se me confunde tan íntimamente que no me resulta sencillo hacer el necesario deslinde. Fuimos práctica¬mente la misma persona, y trabajamos en común sin una diferencia política, ni revolucionaria. Fue la mitad de mi mismo, y yo lo fui de ella; lo llevo con honra y recuer¬do imperecedero.

Recuerdo que, inspirado y alentado por ella, pronuncié el 27 de noviembre de 1955, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Camagüey, un discurso con motivo de develar un retrato de Abel Santamaría. Asimismo, colaboré con ella en la respuesta que le dio a José R. Andreu, quien había acusado a Fidel de mentiroso porque denunció la corrupción y el latrocinio cuando el senador ejercía sus funciones de Ministro de Salubridad…

Cuando salió de la Sierra a cumplir una misión encargada por Fidel en el extranjero en 1958, yo estaba preso en Boniato. Al pasar por Santiago fue a verme a la cárcel donde precisamente ella había estado presa también. Me quedé espantado cuando la vi. Con aquella sensibilidad humana que la caracterizaba no vaciló en correr todos los riesgos para verme y reconfortarme porque recientemente había ocurrido la muerte de mi hermano Enrique. También pasó para brindarme información acerca de las decisiones adoptadas en la reunión de Altos de Mompié, en la Sierra, después de la huelga del 9 de abril. Ella reunía una permanente rebeldía con un sentido de la justicia inclaudicable y una gran sensibilidad humana. En el extranjero, cumpliendo el encargo de Fidel hizo un magnífico trabajo, pero aquella presencia suya en la cárcel, como otras tantas cosas suyas se quedaron para siempre grabadas en mi memoria.

A partir del triunfo revolucionario continuó trabajando con un inmenso amor por la justicia, por Fidel, Cuba, América Latina, la interpretación fidelista del socialismo y la cultura. Tuvo una visión muy clara del papel de la cultura en la lucha a favor de la justicia. Hoy que la cultura está colocada como primera prioridad política, me recuerdo mucho más de Haydée y su inmensa dedicación a la Casa de las Américas. 

Fue la visión de Fidel la que determinó haber situado a la heroína del Moncada, Haydée Santamaría, al frente de la institución. Ella, con refinada sensibilidad y lealtad a Fidel, demostró que poseía las virtudes necesarias para abrirle camino a los estrechos vínculos entre la política y la cultura. Fue precisamente de esa extraordinaria sensibilidad, de donde surgió su pasión por el arte y la cultura. Y así se logró la maravilla que representa la obra de Casa de las Américas. Le correspondió a Haydee establecer los estrechos vínculos entre la cultura cubana, con la tradición intelectual y política latinoamericana, caribeña y también de su raigal vocación universal. 

En ella estuvo presente, desde el primer aliento de esa institución, una visión integral de la cultura que tiene en la justicia su primera categoría. Así también lo entendieron los verdaderos y genuinos intelectuales cubanos y latinoamericanos y ella supo unir a prestigiosas figuras de Cuba y de Nuestra América en torno del trabajo de Casa de las Américas y en el apoyo a la Revolución Cubana. Recuerdo a Mario Benedetti, Roque Dalton, Ezequiel Martínez Estrada, Manuel Galich, Alejo Carpentier y Mariano Rodríguez, entre otros. Ello permitió que Casa de las Américas, sea hoy lo que es, y que haya podido crear ese enlace original con todo el movimiento de la cultura en el siglo XX.

Por eso me satisface mucho que el ejemplo de Haydee se haya mantenido vivo en todos estos años de ardua labor de la Casa y que todos los que allí laboran la recuerden con amor y respeto.








  • Foto de Melba Hernández y Haydée Santamaría Melba Hernández y Haydée Santamaría
  • Foto de Melba, Haydée y Fidel Melba, Haydée y Fidel
  • Foto de Melba Hernández y Haydée Santamaría Melba Hernández y Haydée Santamaría

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